¿Cómo hace Fabio Alberti para que la gente se ría a carcajadas durante casi una hora sin hablar de sexo, de drogas, ni de política? ¿Cómo hace sin recurrir a "malas palabras", excepto el término Boluda Total (sí, con mayúscula) que es como el segundo nombre del personaje Coti Nosiglia?
El humor de Fabio Alberti se desplaza entre el absurdo y el surrealismo (por aquello de las asociaciones libres), pero con sutileza. Es evidente, pero bien vale aclararlo, Coti Nosiglia satiriza a ciertas conductoras y programas de televisión, en especial aquellos dirigidos a una audiencia femenina ("Utilísima", por ejemplo), caracterizadas por la intrascendencia de las temáticas que abordan y la simpleza de sus observaciones. Coti cuenta que desde niña supo que iba a llegar a la fama: "fue cuando me perdí en la playa y todo el mundo me aplaudía" (risas).
En la noche del viernes, en El árbol de Galeano, "Café con ser" hizo  estallar de risa a un público en el que predominaban las mujeres adultas, muchas de las cuales -al igual que los pocos varones- festejaban los chistes gritándole "Boluda", a esta altura una palabra convertida en un código de identificación, pero también en un himno cantado por todos.
Coti Nosiglia es tan torpe que se puede llevar una mesa por delante o desenchufar el equipo de música mientras está tocando su pianista Michel Google, al que  encontró googleando (un lugar al que siempre acude, incluso cuando pierde las llaves de su casa).
Cuando se presenta, informa que los zapatos son de Ricky Sarkozy y las medias de Cocó Basile y que Juan Manuel del Potro la peinó para adentro. Mientras se mueve en el escenario regala una amplia sonrisa tonta, inclinando la cabeza hacia un costado, en gesto de ingenuidad, que acompaña con un fruncimiento de la nariz, que intenta ser simpático. Y en ese largo recorrido por su vida confiesa que siempre va a la cama con Channel 5, pero todo terminó cuando le cortaron el cable (risas).
Una de las perlas de la noche fue la canción que Coti le escribió a su amado esposo Jorge y que se le ocurrió mientras leía sobre las propiedades de las toallas femeninas. En la letra deja en claro que uno y otro son increíblemente parecidos: suave y natural, entre otras virtudes, como la que le permite libertad. Al lector no le resultará difícil imaginarse el resto de la letra. Pero la carcajada regresa cuando cuenta su impresión sobre la ciudad de Nueva York, la que no le gustó: "fui el 11 de septiembre de 2001, pero había mucho humo, mucho ruido, las sirenas sonaban de un lado al otro y la gente corría... no, no me gustó Nueva York".
Otro momento desopilante de la noche fue cuando hizo pasar a una de las espectadoras para que se pruebe unas extrañas lolas plásticas: con luces intermitentes para la noche, otras con timbre y otras inflables, según la ocasión. Y para qué hablar de su vidente no vidente que ve la suerte a través del jabón, y de su despedida cantándole el "happy birthday" a "mister president".